Imagina a tu Dios Poderoso, Dueño y Creador de todas las cosas, porque es Él quien te brinda su máximo cuidado, pide por tu protección para que ningún mal toque tu casa, tu familia, tu empresa, tu trabajo y tu vida en general.

Alégrate de saber que a esa garantía de protección incondicional que el Señor te ofrece a lo largo del salmo 91, tienes a su vez la seguridad de que sus ángeles estarán allí para ayudarte a no tropezar, a no caer, esos ángeles vendrán en multitud de formas, a veces desconocidas, fuera de lo normal, a veces formando parte de tu vida, por el apoyo de seres queridos, o por eventos que, por el plan del Señor, jueguen a tu favor.

Todas estas promesas están reservadas para ti, que vienes a depositar tu confianza, toda tu fe, tus debilidades, tus imperfecciones y tu esperanza en Dios, sin duda el Buen Padre Celestial, es generoso en misericordia, en dádivas de amor; y te viste de honra, dándote la calidad de Hijo amado y protegido.

Esta hermosa promesa es para ti, tú que “habitas al abrigo del Altísimo”, ahora cierra tus ojos y ora el salmo 91:

Amado Señor, te pido que me permitas vivir bajo tu cuidado, pues tú eres el Dios altísimo; déjame pasar la noche bajo tu protección, pues eres el Dios Todopoderoso. 

Tú eres mi refugio, el Dios que me da fuerzas, ¡el Dios en quien yo confío! 

Sólo tú, puedes librarme de los peligros ocultos y de enfermedades mortales.

Sólo bajo tu protección puedo vivir tranquilo, pues nunca dejas de cuidarme.  

Ni de día ni de noche, tendré que preocuparme de estar en peligro de muerte.  

Ni en las sombras de la noche, ni a plena luz del día, me caerá desgracia alguna. 

Tal vez a mi izquierda vea caer miles de muertos; tal vez a mi derecha vea caer diez mil más, pero a mí nada me pasará. 

Con mis propios ojos veré cómo los malvados reciben su merecido, porque tú, mi Dios altísimo, eres mi refugio y mi protección. 

Por eso ningún desastre vendrá sobre mi hogar. 

Tú mismo mi Dios, les dirás a tus ángeles que me  cuiden por todas partes.
Los ángeles me  llevarán en sus brazos para que no tropiece con nada.

Andaré entre leones y serpientes, ¡y los aplastaré! porque tú mi Dios, escuchas mi oración y me respondes y me dices: 

Mi pueblo me ama y me conoce; por eso yo lo pondré a salvo. Cuando me llame, le responderé y estaré con él en su angustia; lo libraré y lo llenaré de honores, le daré muchos años de vida, y lo haré gozar de mi salvación.

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