Mi amado Padre Celestial, me presento en este día delante de ti, sé que mi fe se ha debilitado, que muchas veces veo todo tan oscuro, veo todo tan lejano y tan complicado que he tropezado y caído en el terrible hueco de la duda, y es en ese momento donde he creído que ya nada tiene solución.

Pero hoy, tu palabra me alienta y tengo la necesidad de levantar mi mirada hacia el cielo y confesar que nada, por difícil que sea para el ser humano, alcanzará a serlo para ti.

En este día, me atrevo a nombrar todo lo que me pasa, porque si miro a lo alto, puedo reconocer que para ti nada es imposible, tu mismo lo dijiste y yo hoy necesito creer en esa promesa que me llena de confianza y de paz sobrenatural.

Amado Dios, me acerco a ti porque quiero darte gracias por todas las bendiciones que me brindas a diario y que quizá no las he podido ver y mucho menos valorar, Tú eres mi proveedor y aunque no merezco tanto, siempre me das todo e incluso más de lo que necesito.

Te pido Padre, que no permitas que los afanes de este mundo, y todas las circunstancias que me angustian, me aparten de ti, y me desenfoquen de creer y esperar en las promesas que tú me has dado, porque me hacen dudar de tu amor constante y de tu fidelidad que son la verdad a las que puedo aferrarme cada día.

Padre celestial, yo sé que para ti no existen imposibles y es por eso que hoy te pido por cada una de las cosas que me aquejan, te pido por mi familia, por la restitución de mi hogar, por la situación económica, por la empresa, por la sanidad de mis enfermedades, por caminos rectos para mis hijos, pero por sobre todas las cosas por tu presencia en mi vida.

Tómame Señor de tu mano, no te apartes nunca de mi vida, guíame con tu sabiduría, permíteme salir victorioso de cada prueba y que a través de cada circunstancia yo pueda siempre recordar que eres el Señor y Rey de todas las cosas, el creador del mundo, de cada objeto, de todo lo que mis ojos ven y de lo que no ven, que eres el Dios soberano, pero por sobre todas las cosas eres mi Padre y me amas y te acercas para decirme, que nada hay difícil para ti.

Amado Señor, en este día me aferro a esta palabra, la creo y la confieso con gozo y esperanza. Yo declaro que no hay nada imposible para ti; espero firmemente que tu mano poderosa se extiende para que yo reciba de tu misericordia para levantarme, para sanarme, para restaurarme, para hacerme libre y transformar todas las situaciones difíciles que estoy viviendo; declaro que eres el Poderoso gigante que me cuida, que eres el Dios que provees en todos los sentidos y me declaro un guerrero vencedor en tu maravilloso nombre.

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