María, luego de haber recibido tu noticia a través del ángel Gabriel, entonó una melodía que aún permanece en medio de nosotros, diciendo: «Alabo al Señor con todo mi corazón.  Me alegro muchísimo en Dios, mi Salvador, porque él tomó en cuenta a su humilde sierva.

De ahora en adelante todo el mundo dirá que Dios me ha bendecido, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí.  ¡Su nombre es santo!  Dios nunca ha dejado de mostrar su compasión a quienes lo respetan.

También nosotros, tenemos la oportunidad de recordar lo que has hecho en nuestras vidas y de buen ánimo y con corazón dispuesto, componer un canto de exaltación y gozo por tu obra en nosotros.

Hay mucho por agradecer, hay mucho por reconocer, has hecho tanto por nosotros Señor, que nuestra vida debería ser un canto sin fin, que reconozca lo que tu representas para nosotros.

Dios reina desde su templo sobre todas las naciones.  Tu eres el dueño de todo, tu eres el Rey Supremo de todo cuanto existe Señor.

 

Los jefes de las naciones y el pueblo del Dios de Abraham, se juntan para adorarlo, pues a Dios le pertenecen todos los pueblos del mundo.

 

Nos entregaste la promesa de tu bendición desde tiempos remotos y aún nosotros, seguimos cosechando después de muchas generaciones, lo cual demuestra, que tu eres fiel a tu palabra, que eres un Dios lleno de bondad infinita.

 

Gracias Padre, tú eres nuestra mayor alegría, tu eres lo mejor que le pudo suceder a nuestras vidas.

 

Te adoramos, bendecimos tu nombre y cantamos alabanzas proclamando tu grandeza.

En Jesucristo, nuestro Señor

 

Amén.

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