Tu deseo es que en nuestro corazón permanezca el anhelo de tu presencia, de tu voz, de tu cuidado.  Que levantemos nuestra voz reconociendo todo lo que has hecho por nosotros, para que tu entrega no sea hecha en vano, sino apreciada por cada uno de nosotros.

 

Que las promesas que te hacemos no tarden en ser cumplidas, sino por el contrario, seamos personas de palabra firme y de fidelidad permanente.

 

Dios nuestro, a ti te duele ver morir a la gente que te ama.  Tu amor por nosotros es tan grande que cuidas hasta del momento mismo de nuestra muerte, de manera que podamos llegar ante tu presencia sin preocupaciones o angustias, libres de toda carga y satisfechos de haber cumplido con nuestra misión en esta tierra.

 

Llevaremos hasta tu altar una ofrenda de gratitud, y oraremos en tu nombre. Traeremos delante de tí, corazones humildes y dispuestos a servirte, a llevar este mensaje de vida a todos los que lo necesitan.

 

Reconoceremos en todo tiempo y lugar, que las bendiciones que nos rodean provienen de tí, que tu eres grande sobre la tierra y el cielo, que tu eres digno de ser alabado, exaltado y que te amamos desde lo profundo de nuestro ser.

 

Todo proviene de tí, todo depende de tí.  ¡Somos tan privilegiados de contar con un Padre de calidad insuperable!

 

Queremos vivir nuestra eternidad a tu lado, queremos contarte a diario nuestras alegrías y entregarte nuestras penas.

 

Queremos ser tus hijos, tus amigos, tus confidentes, tus compañeros de risas y alegrías y tus servidores más fieles.

 

Te amamos infinitamente Papá.

En Cristo Jesús.

 

Amén.

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