Tu Espíritu Santo es mi fiel compañero y mi poderoso instructor, quien hace que mi mente natural, sea provista del entendimiento celestial, para poder descubrirte hablando a mi corazón a través de Tu palabra.

 

Me siento tan feliz con ella, que puedo cantar con verdadera alegría, las grandes bendiciones de las que me has rodeado.  Estoy profundamente agradecido.

 

Tu palabra es dulce a mi paladar, más que la miel en mi boca. Está llena de gracia y sazonada con amor interminable.

 

 Es alimento para mi alma hambrienta y fuente de agua pura que sacia mi sed de ti, Señor.

 

Tu bendices a los que en ti confiamos. Hago parte de tu pueblo y tu me llamas a probar tu continua bondad, porque a quienes te adoramos, nunca nos falta nada.

 

En ella estàn envueltas todas las provisiones que requiere mi existencia y el amor que precisa mi corazón.

 

Por lo cual del mandamiento de tus labios no me he apartado, he atesorado las palabras de tu boca más que mi comida.

 

Tiene gran importancia para mí, pues me guarda de caer en el lazo del error, del orgullo, del pecado, de la maldad. Tu palabra es lámpara que guía mis pasos;  luz que alumbra mi camino.

 

Tu palabra nos ilumina,   educa a los ignorantes.  Esta puesta como la mejor maestra de vida, dispuesta a hacer sabio hasta al màs simple de los hombres.

 

Este mundo es oscuro y la única luz segura es tu Palabra.  Podemos confiar por completo en lo que dijeron los profetas y está muy bien que sigamos cuidadosamente sus palabras. 

 

Sus profecías son como una lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que llegue el amanecer en el que Cristo, como la estrella de la mañana, nos traerá nueva luz al corazón. 

 

Sobre todo, debemos entender que ninguna profecía aparece en la Escritura por el deseo propio del profeta. Ninguna profecía fue dicha por el impulso de algún hombre. Todo lo contrario, los profetas hablaron de parte tuya, guiados por el Espíritu Santo.

 

Todo lo que está escrito en tu palabra, vino por voluntad tuya para hacer de nuestra vida una grata aventura y para hacernos entender sabiduría.

 

Es a través de ella que te conocemos y nos descubrimos en tu semejanza.

 

¡Qué preciosa herencia es tu palabra! Somos privilegiados quienes dedicamos nuestra vida al estudio de ella, porque entendemos que ninguna ciencia puede producir verdadera transformación en nuestra vida, como lo hace ella.

 

Yo te ruego Señor, que inclines el corazón de cada persona para que sienta el imperioso deseo de buscarte a travès de tu palabra.

 

Bendigo cada persona que hizo posible mi acceso a ella.  Bendigo Señor, la labor incansable de tu Espíritu, para sembrarla en mi interior y vigilar como buen sembrador, hasta tanto su fruto se haga evidente en mi hablar y mi actuar.

 

Gracias por haberme dejado ese legado maravilloso que me permitió llegar hasta tí.

 

Gracias por haberme hecho conforme a tu semejanza, por confirmar a mi corazón que tu palabra es la verdad màs pura y poderosa que existe.

 

Te adoro y te exalto, te bendigo y levanto mis manos en señal de rendición ante ti, por haberme dado la mejor de las existencias a tu lado Señor.

 

Gracias Precioso Señor.

 

En Jesucristo, la palabra hecha carne.

 

Amén.

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