Te alabamos Señor por Jerusalén, la tierra desde donde enviaste los mensajeros que nos trajeron tu consejo y desde donde se vió levantar la cruz en la que Cristo nos entregó la redención.

 

Nos unimos en un clamor de compañerismo por todos los que no han sido redimidos, por aquellos que no han aceptado el sacrificio de Cristo como el medio a través del cual, pueden ser salvos.

 

Nuestro interés por el bienestar de nuestro prójimo, proviene del amor que sentimos por tí Señor, reconociendo que todo lo que estableciste en la tierra es perfecto, porque proviene de tí. 

 

Lo entregamos todo en tu mano, descansamos confiados a la sombra de tu abrigo.

 

Nos sentimos felices de haber recibido una salvación tan grande y por un precio tan alto, aún siendo inmerecedores de tan asombrosa gracia.

 

Bendecimos el corazón de todos aquellos que te buscan con total diligencia y procuran mantenerse cerca tuyo, cerca de todos los que hacemos parte de tu iglesia, para que en nosotros, el fuego de tu amor, sea avivado y se encienda con gran poder, para convertirse en luz, en faro que guía y atrae a los perdidos.

 

Te adoramos, bendecimos tu nombre y te declaramos nuestro suficiente Rey, Señor y Salvador.

 

En Jesucristo, nuestro mayor tesoro.

 

Amén.

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