La noche trae con ella agotamiento, del mismo modo que las adversidades y la culpa, nos cansan, nos preocupan y disminuyen nuestras fuerzas, pero tú  las renuevas y nos das la salida a nuestros problemas.

 

Tu has enviado a Cristo para que, habiendo tomado nuestro lugar, seamos liberados de las tinieblas que nos habían apresado por causa de nuestra desobediencia.

 

Es por eso, que a tu lado caminamos confiados, porque fuimos liberados.  Ahora podemos tener claridad y entendimiento de lo que acontece a nuestro alrededor y porque nos socorres con tu gracia infinita.

 

Oh Israel, espera en el Señor; porque en el Señor hay amor inagotable;  su redención sobreabunda. —prosiguió el salmista.

 

Nada nos podría garantizar tu cuidado con más seguridad, que sabernos amados por tí.

 

Podríamos acudir a tu poder, a tu misericordia o a tu bondad, pero nada se compara con los beneficios que nos otorga tu amor sin medida.

 

Tu perdón para nosotros, no tiene una medida que debemos cuidar de no agotar,  no obstante, nosotros decidimos apartamos del pecado y corregir nuestro actuar, porque deseamos corresponder a ese amor y esa gracia inmerecidos.

 

Tu mismo redimirás a tu pueblo  de toda clase de pecado. Nadie más tiene el poder para quitar esa pesada carga que pesa sobre el corazón de cada uno de nosotros.

 

Recibimos tu perdón con total gozo y brota de nosotros, espontáneamente  un temor reverencial, filial, amoroso, en correspondencia a la maravillosa bondad tuya.

 

Hay esperanza para todos, una esperanza segura, cierta y confiada; porque tú Señor, tienes además dos compañeras inseparables: la misericordia prometida y tu  abundante redención.

 

Tú dispusiste de todos los recursos necesarios para pagar, cualquiera que haya sido el precio, que nos “rescató” de todos nuestros pecados, es decir, la sangre y el sacrificio de tu propio Hijo.

 

Gracias Padre santo y bueno, por habernos hecho libres de culpa y habernos entregado el acceso total a tu perdón y  tus bendiciones.

En el nombre de Jesucristo,

Amén y amén.

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