Valoramos la libertad que nos has dado Señor, apreciamos profundamente que nos hubieras acercado a tu presencia y nos escondas en el hueco de tu mano, donde los poderes del mal no pueden tocarnos.

 

Estos tres ruegos nos enseñan que el mundo espiritual tiene un supremo gobernante y ése eres tu, que tienes el poder para cambiarnos la vida de manera radical y que no podemos amarte a tí y a las riquezas.

 

No importa si vemos nuestros familiares, en condiciones que nos parecen terribles o si nosotros mismos nos sentimos dominados por la maldad, pues tu tienes el amor y el poder suficientes para liberarnos y hacernos parte de tu reino.

 

No hay tormenta que impida tus propósitos sobre nuestras vidas, no hay plan ni maquinación que pueda sobreponerse al deseo de tu corazón de hacernos libres.

 

Guárdanos de anteponer nuestra ambición sobre el bienestar de los otros, como lo hicieron los Gadarenos, y que el amor al dinero se convierta en una barrera que nos impida acercarnos a tí.

 

Danos Señor entendimiento, para que los intereses materiales no lleguen a gobernarnos y dejemos de darle valor a tus manifestaciones, en nuestras vidas o en la de nuestro prójimo.

 

Somos valiosos para tí, somos el objeto de tu amor, somos tu creación y estamos llamados a ser regenerados para convertirnos en tu semejanza.

 

Que importante es reconocer que hasta el clamor más íntimo de un corazón necesitado no te es indiferente, sino que estás dispuesto a cruzar los mares y las tormentas que sean necesarias para ayudarnos.

 

Queremos permanecer bajo tu abrigo, seguros debajo de tus alas, protegidos por el poder de tu Santo Espíritu que levanta escudo alrededor nuestro y de nuestra familia.

 

Gracias Señor, porque tu palabra está llena de todas las demostraciones de amor posibles.  Nos sentimos privilegiados de haber sido rescatados por tí.

 

Te adoramos y te bendecimos Padre glorioso.

 

En Cristo, nuestro libertador

Amén y amén.

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