Te rogamos que perdones todas nuestras flaquezas, nuestros momentos de duda, nuestra falta de visión y nuestras actitudes erradas, como las que tuvo el rey Ezequías, cuando puso su vista en lo que le había ocurrido a los otros a manos del despiadado Senaquerib y su corazón se llenó de temor.

 

Tu no necesitas de nuestra ayuda para salvarnos; somos nosotros quienes  precisamos únicamente  creer; confiar en que, lo que prometiste, será hecho realidad, así como es realidad, el mundo que habitamos y que provino de tu palabra creadora.

 

Gracias porque basta una palabra tuya para que nuestra vida sea distinta, basta con una orden tuya para que los enemigos de nuestra alma huyan despavoridos,  para que las tinieblas desaparezcan ante la gloriosa presencia tuya.

 

A tu orden nuestra salud es devuelta y la enfermedad pierde todo poder, al sonido de tu voz, la muerte se aparta de nuestro hogar y tu paz llega para gobernar nuestras emociones.

 

Gracias Señor, en tí lo tenemos todo, en ti lo encontramos todo, en tí se halla la vida plena que tanto anhelamos y el amor que todos necesitamos.

 

Revélate cada día más a nuestras vidas, de manera que nos convirtamos en referente de fe y compasión.

 

Te rogamos por nuestros hogares, por cada uno de los integrantes de nuestra familia, para que sus corazones también sean acercados a tí, con lazos de amor y puedan experimentar el perdón, la salvación, la regeneración, la paz y el amor que provienen de tí.

 

Gracias porque estás actuando a nuestro favor, planeando todo para que en el momento exacto, tu gloria se deje ver sobre nuestras vidas.

 

Te amamos Señor, tu fidelidad no tiene medida, tu amor conmueve cada una de las fibras de nuestro ser, tu presencia es incomparable y la comunión contigo es el objetivo de nuestras vidas.

 

Queremos aprender a ser leales a tí, fieles a nuestros compromisos contigo.

 

Queremos seguir viendo tus maravillas, en tanto nuestros cuerpos mortales nos permiten disfrutar de esta existencia, porque sabemos que un día nos veremos cara a cara y podremos abandonar todo afán de esta naturaleza.

 

Gracias Señor, te adoramos.

 

En Cristo Jesús,

 

Amén.

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