La mayoría de nosotras hemos soñado con el ser el primer, único y gran amor del hombre que nos llena de ilusión el alma.

 

Queremos disfrutar de su compañía y su vigor, de su juventud y sus mejores años y escribir junto a él, historias de amor para muchos años.

 

¿Pero si el hombre con quien podríamos compartir nuestra vida, está en los años altos de su vida?  

 

¿Si al parecer el tiempo se ha llevado la mayor parte de lo que anhelamos poder disfrutar a su lado? 

 

¿Estaríamos dispuestas a amarlo de la misma manera? Cetura sí.

 

Ella es la mujer que se menciona en Génesis 25:1-8:  Abraham volvió a casarse con una mujer llamada Cetura. Ella dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Jocsán fue el padre de Seba y Dedán. 

 

Los descendientes de Dedán fueron los asureos, los letuseos y los leumeos. Los hijos de Madián fueron: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos ellos fueron descendientes de Abraham por medio de Cetura. 

 

Abraham le dio todo lo que poseía a su hijo Isaac; pero antes de morir, les hizo regalos a los hijos de sus concubinas y los separó de su hijo Isaac, enviándolos a una tierra en el oriente. 

 

Abraham vivió ciento setenta y cinco años, y murió en buena vejez, luego de una vida larga y satisfactoria.

 

Además de Ismael quien fue el hijo del conflicto, que engendró de su concubina Agar, e Isaac el hijo de la promesa, que nació del milagro en su amada Sara; Abraham tuvo 6 hijos más con una mujer de la que poco se sabe, pero que sin embargo se destaca por la dedicación y el amor que entregó a Abraham, de manera que se escribiera de él, que murió en buena vejez, habiendo vivido satisfactoriamente.

 

Abraham tenía ciento treinta y siete años, cuando murió Sara, la mujer que le marcó la vida, con su belleza, con su temperamento fuerte, pero también con su fé permanente en Dios, la cual le permitió abrazar el hijo fruto de ese amor, ya siendo viejo.

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