Cumpliremos Señor, con levantar el pesado yugo de la opresión;   dejar de señalar con el dedo y de esparcir rumores maliciosos.

 

Pues sólo tú puedes juzgar y no es nuestra tarea el hallar las fallas de los otros, para acumular sobre sus hombros más carga, sino por el contrario, ayudarlos llevando el mensaje de esperanza que los libere y les traiga paz.

 

Usaremos nuestra boca para bendecir y no para maldecir, porque de ti hemos recibido únicamente bendición.

 

Queremos alimentar a los hambrientos     y ayudar a los que están en apuros. pues sólo entonces nuestra luz resplandecerá desde la oscuridad,    y la oscuridad que nos rodea será tan radiante como el mediodía.

 

Tu, Señor, nos guiarás continuamente, nos darás agua cuando tengamos sed  y restaurarás nuestras fuerzas.  Todo lo que hayamos entregado, volverá a nosotros, una y otra vez, para ser compartido continuamente.

 

Seremos como un huerto bien regado,   como un manantial que nunca se seca.  Tu eres el mejor terreno para sembrar y la garantía de cosechas sin medida.

 

Algunos de nosotros reconstruiremos las ruinas desoladas de nuestras ciudades y seremos conocidos como reconstructores de muros    y restauradores de casas.

 

Porque habremos sido motivación para otros y se unirán al propósito de compartir lo que tu nos entregas.

 

Exaltamos tu bondad, porque no hay nada que pueda multiplicarse con tan positivo impacto como ella.

 

No es momento de acumular, sino de entregar con total generosidad.  Es lo que la tierra pide a gritos, es lo que el necesitado espera cuando levanta su plegaria ante tu presencia.

 

Somos los llamados a manifestar tu amor a los demás, tu gracia a quienes lo precisan, tal como lo precisamos nosotros en el pasado.

 

Un día seremos juzgados por aquello que estuvo a nuestra mano hacer y decidimos hacerlo o no.

 

Queremos ser parte de quienes tienen la satisfacción del deber cumplido.   No permitas jamás que el temor, la indiferencia o el egoísmo nos convierta en acaparadores, pues lo que se guarda con avaricia, sólo traerá ruina sobre nosotros y será un enorme desperdicio.

 

Te adoramos Señor, te agradecemos habernos hecho parte de tan preciosa misión.

 

En el nombre de Cristo Jesús.

 

Amén.

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