Entre el éxito y el fracaso, se encuentra una puerta llamada obediencia, que quien quien pasa de largo para no atravesarla, sufre las consecuencias de sus malas decisiones, pero quien la abre para entrar por ella, recibe la garantía de una vida plena y bendecida, guiada por tu poder, tu amor, tu gracia, y la luz que proviene de tu palabra.

 

En cambio, pasa distinto con los perversos.  Ellos son como paja que el viento se lleva lejos. 

 

Nada más ligero e inestable que la paja, que es llevada de aquí para allá por cualquier viento o corriente.

 

Quien no cimenta su vida en tí, se destina al fracaso. La paja no echa raíces, ni tiene posibilidad alguna de fructificar o ver crecer sus ramas vigorosas.

 

Aunque en un momento pueda ser hierba verde, pronto se seca, pierde el vigor y se marchita como sucede con las vidas de quienes te rechazan, Señor y terminan sintiéndose vacíos y fracasados.

 

Por eso, los perversos siempre serán declarados culpables, y los pecadores no podrán sentarse al lado de los justos. 

 

No entregarás la recompensa de los justos a quienes se empeñan en mantenerse en desobediencia, ni a quienes pretender burlarse de tí, pues tu lo dejaste claro en el verso 7 del capítulo 6 de Gálatas: No se hagan ilusiones: de Dios no se burla nadie. Lo que cada uno haya sembrado, eso cosechará.

 

Nos resta sentirnos dichosos porque Tu conoces el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

 

Ese conocer que va más allá de simplemente identificarnos o tener una idea de cómo lucimos.  Tu nos conoces a profundidad, tu sabes cuáles son nuestros pensamientos, nuestros anhelos y nuestros sueños más escondidos están presentes delante tuyo Señor.

 

Tu conoces perfectamente quienes te amamos de corazón y sin fingimiento alguno y es la razón por la cual nos has elegido para ser parte de tu pueblo.

 

El Señor sabe guiar por buen camino a los justos, pero los perversos se desvían y se pierden.

 

Tu mantienes tus ojos sobre nosotros y tu oído atento a nuestra voz.  Nuestra vida no es un ensayo con posibilidades de un final equivocado, es una certeza absoluta del éxito, aún en medio de las más grandes batallas que podamos enfrentar.

 

Te adoramos y te bendecimos por ello Señor.  

En Cristo Jesús,

Amén.

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