El hombre es sin duda tu más grande creación, porque fue hecho «a tu imagen, conforme a tu semejanza».  Pero debido al deterioro de la sociedad moderna, el hombre ha sido rebajado al nivel de animal y a causa de haber rechazado ser la imagen tuya, el mundo está en caos.

 

Santiago lo explicó en el verso 9 del tercer capítulo de su carta: Con nuestra lengua podemos bendecir o maldecir. Con ella alabamos a nuestro Dios y Padre, y también insultamos a nuestros semejantes, que Dios hizo parecidos a él mismo.  Hermanos, ¡esto no debe ser así!

 

Olvidamos que somos semejantes a ti y como tal, debemos ofrecernos respeto mutuo y buen trato, teniendo presente que estamos hechos a la imagen del Dios Todopoderoso.  

 

Todo lo que hemos perdido, lo perdimos por causa nuestra.  Tu pusiste al hombre para dominar tu creación y gobernarla, pero en lugar de ser reyes, nos hemos convertido en esclavos.

 

El gobierno que nos fue entregado pasó a manos de la maldad; no sorprende que haya tanto desorden de toda clase y tanta brutalidad, pues te hemos destronado y degradamos la humanidad. 

 

Pese a tantos errores cometidos por todos nosotros,  a través de Cristo hemos recibido la oportunidad de recuperar esa autoridad que nos fue arrebatada en Edén y que a través del sacrificio de la cruz, nos trajo la liberación de la esclavitud del pecado y el reconocimiento como tus hijos.

 

Anunciando la contundente victoria sobre nuestros enemigos, tal como lo fue, la de David sobre Goliat, finalizó el salmo exclamando:  Señor, Dios nuestro, tu nombre es sin par en el mundo entero.

 

Estaba profetizando el reconocimiento que sería dado a nuestro Salvador, por la grandeza de su obra libertadora a favor nuestro.

 

El apóstol Pablo, lo escribió en su carta a los  Filipenses diciendo: Tengan la misma manera de pensar que tuvo Jesucristo:  Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad.

 

Al contrario, renunció a esa igualdad, y se hizo igual a nosotros, haciéndose esclavo de todos. Como hombre, se humilló a sí mismo y obedeció a Dios hasta la muerte: ¡murió clavado en una cruz!

 

Por eso Dios le otorgó el más alto privilegio, y le dio el más importante de todos los nombres, para que ante él se arrodillen todos los que están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la tierra; para que todos reconozcan que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.

 

Jesucristo siendo Dios mismo, renunció a serlo para convertirse en semejanza de hombre para que muriendo en la cruz, quienes nos acogemos a su sacrificio podamos ser hechos, semejanza de Dios.

 

No sólo fuimos liberados del pecado, también hemos retornado a la posición inicial que fue entrega a Adán, antes de la caída.

 

Cristo nos ha dado dominio; esto quiere decir que reinamos como reyes. Podemos reinar en la vida a través de Cristo, obteniendo victoria sobre el pecado y la tentación. Reinamos en la muerte, porque la muerte ya no tiene dominio sobre nosotros. Reinaremos en su reino aquí en la tierra, nuestro lugar de servicio se determinará de acuerdo a nuestra vida y fidelidad aquí ahora. Finalmente, reinaremos con Él por siempre.

 

Todo gracias a que tu, nuestro incomparable Dios, Rey y Padre, nos hiciste a tu imagen y conforme a tu semejanza.

 

Te adoramos y te agradecemos infinitamente por ello, buen Señor.

 

En el nombre que no tiene par, el de Jesucristo, nuestro redentor.

 

Amén.

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