PODEROSA ORACIÓN DE LA MAÑANA PARA PEDIRLE A DIOS SANIDAD Y SALUD DE CUALQUIER ENFERMEDAD

Nos rendimos delante de ti Señor, reconociendo que necesitamos tu bendición, protección y cobertura.

Deseamos honrarte, necesitamos conocerte cada día más, porque sabemos que en ello se encuentra nuestro bienestar.

Te pedimos Padre, que quites toda venda de nuestros ojos espirituales que esté impidiendo que veamos tu mano actuando a nuestro favor.

Danos el entendimiento necesario para comprender tu grandeza, para descubrir quien eres y quienes somos, pues en ese ejercicio, nuestra confianza en tí, crece mucho más.

Nos acogemos a tus promesas, sabiendo que todas ellas son veraces y tienen tu compromiso de ser cumplidas.

Nos dijiste a través de la carta de Santiago, en el capítulo 5 versos 13 al 16: Si alguien está en problemas, que ore a Dios. 

Pero nosotros hemos tomado esa primera instrucción como la última, porque hemos considerado que en nuestras fuerzas y capacidades, podremos lograrlo solos.

Te hemos buscado cuando ya la situación reviste gravedad.  Perdónanos Señor, por ese continuo deseo de independencia que nos perjudica.

Somos ramas, que entre más desprendidas estén del árbol que eres tú, menos vida podremos tener, menos saludables nos encontraremos y muchos menos frutos podremos producir.

Nos comprometemos a mantenernos unidos a tí, de modo que en toda circunstancia podamos acudir con prontitud delante tuyo, porque sabemos que la respuesta está en tí.

Cuando nos acercamos para entregarte nuestros problemas, sean de salud, sean económicos, emocionales o de cualquier índole; estamos declarando que te consideramos interesado en nuestro bienestar, que creemos en tu absoluta bondad y amor, que estamos seguros de que tienes el poder para librarnos de toda situación, que nos sentimos tus hijos y sabemos que eres un buen Padre.

Presentar nuestra oración delante tuyo, es mucho más que un ejercicio religioso que debemos atender a diario, es una declaración abierta de la manera en que te vemos, es una confesión del amor que sentimos por tí, es una muestra de la clase de Padre que te consideramos.

Si no somos capaces de reconocer tu amor, tu bondad, tu gracia o tu perdón, dificilmente querremos presentarte nuestras necesidades y mucho menos podremos confiar en que tu nos responderás trayendo bendición y sanidad sobre nuestras vidas.

Pero tu nos esperas pacientemente y nos sigues enseñando: Si alguien está feliz, que cante alabanzas. 

¡Qué fácil resulta buscarte cuando tenemos problemas, pero qué olvidadizos somos cuando todo va bien!

Perdónanos porque queremos atribuirnos los éxitos de nuestras vidas y buscar el reconocimiento a nuestra capacidad, cuando la verdad es, que todo sale bien, porque tu estás en el asunto.

Tu eres quien merece los aplausos por nuestros éxitos, tu eres quien orquestaste todo para que pudiera ser una realidad.  Perdón por las veces en que nuestra prosperidad nos alejó de tí, en vez de haber producido la gratitud debida.

Nuestra salud depende de la conexión que podamos mantener contigo Señor.  Pese a que seamos esquivos a acogernos a tu voluntad y por ello suframos las consecuencias, aún así tu dices: Si alguno está enfermo, que haga llamar a los ancianos líderes de la iglesia para que oren por él y para que lo unjan con aceite en el nombre del Señor. Si esa oración es hecha con fe, sanará al enfermo y el Señor lo levantará. 

Si por causa de nuestra desobediencia y descuido con nuestra alimentación, nuestro descanso, nuestras presiones o por la razón que sea, sufrimos una enfermedad, tu nos das la solución, a través de una oración ferviente, hecha por personas que han aprendido a confiar en tí.

Ancianos, no de años, ancianos de conocimiento, personas con una relación contigo,  bien establecida, que tienen en su corazón la certeza de que tu actuarás en bien del enfermo y no sólo tienes intención de sanar su cuerpo, sino de perdonar sus pecados, para liberar el peso de la culpa que carga su alma, como lo dice el siguiente verso:

Si ha pecado, el Señor lo perdonará. 

Cargar con el peso de la culpa, genera daños en nuestras emociones y por consecuencia, disminuye nuestra capacidad para enfrentar las enfermedades.

Somos mucho más que un cuerpo, estamos vinculados a un alma y un espíritu, por lo tanto, no podremos tener un bienestar permanente a menos que podamos solucionar las dolencias de las tres partes.

Ayúdanos Padre, a soltar las cargas del rencor, de la envidia, del menosprecio por nosotros mismos, de la culpa, de las malas conductas que hemos adoptado a través de los años.

No somos perfectos, no somos capaces de todo, no lo sabemos todo, no podemos controlar el comportamiento que tuvieron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestro cónyuge o nuestros amigos,  con nosotros; pero podemos perdonarlos, como tu nos muestras en tu siguiente instrucción, para poder tener sana el alma: Por eso, confiésense sus pecados unos a otros, y luego oren unos por otros. Hagan eso para que Dios los sane. 

Cuando tenemos la capacidad de afrontar que nos equivocamos y pedimos perdón a quien herimos, entonces ambos recibimos sanidad en nuestra alma y vigor en nuestro espíritu.

No es que debamos contarle a otros lo que hicimos mal, es que debemos reparar el daño que le hicimos a nuestro prójimo.  El perdón es la mejor medicina para todo nuestro ser.

Cuando estamos a paz con todos, la oración es un resultado espontáneo, porque podemos experimentar un bienestar tan grande, que nos vincula inmediatamente contigo.

Es entonces cuando nuestras plegarias no tienen tropiezo alguno y como finaliza tu instrucción, conoceremos que: La oración de quien está bien con Dios es poderosa y efectiva.

Porque estando en paz, los unos con los otros, entonces no habrá rencores, envidias, deseos de venganza o cosa alguna que haga ruido, e interferencia entre tu y nosotros.

Pues seremos personas justificadas por el sacrificio de Cristo, lavadas en la sangre bendita de nuestro Salvador, que tienen la certeza de contar contigo para todo asunto.

El temor dejará de acompañarnos, porque habremos sido perfeccionados en tu amor y habremos entendido que tu voluntad supera todo lo bueno que podamos desear para nosotros mismos.

En esa confianza Señor, tomamos para nosotros el compromiso de buscarte para aprender cada día más de ti, para enamorarnos de ti y conocer de primera mano, todo lo que haces por nuestras vidas, en cada momento y afianzar nuestra relación contigo.

Nos declaramos seguros en tu poder y misericordia que nos perdona, los lava, nos restaura y nos sana de cualquier dolencia que pueda abatir a nuestra alma, que pueda aquejar a nuestro espíritu y que pueda padecer nuestro cuerpo.

Sobre cada uno de nosotros se cumplirá tu promesa, que aunque por la calle las enfermedades abunden, a nosotros no llegarán, pues hemos puesto en tí nuestra confianza.

Tu eres nuestro refugio seguro, eres tu la respuesta a todas nuestras necesidades y la salud es una de ellas.  Gracias Papá por cuidarnos como tus amados pequeños.

Vivimos para alegrar tu corazón Señor, nos declaramos tu pertenencia, tu especial tesoro, tu semejanza, tus hijos.

No importa si las noticias anuncian que las epidemias levantaron amenaza sobre la humanidad, nos sentimos confiados bajo tus alas, mi Dios.

Estamos escondidos en el hueco de tu mano y no hay quien pueda hacernos daño.

Dejamos de lado toda ansiedad, soltamos sobre ti toda carga y nos sentimos tranquilos porque sabemos que estás con nosotros y con nuestras familias, como estuviste con tu pueblo, cuando las plagas azotaron a Egipto.

Gracias Señor y Padre nuestro.

En Jesucristo, nuestro Sanador.

Amén y amén. 

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