Nos apartamos para agradarte, mudamos nuestros pensamientos y comportamientos con la intervención del Espíritu Santo porque entendimos que nuestra antigua manera de vivir solo traía penas, angustia, tristeza, temor y desconsuelo.

 

Nos dimos a la tarea de esforzarnos por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz,  pues en la paz de los otros, encontramos también la nuestra, Señor.

 

La sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.

 

Es de ella que deseamos llenar nuestros actos y revestir nuestros pensamientos, pues son virtudes que nos engrandecen como seres humanos y nos distinguen como hijos tuyos.

 

Deseamos poner en práctica lo que de Cristo y los grandes hombres de fé hemos aprendido, recibido y oído, y lo que hemos visto en Jesús y sus discípulos, pues de ese modo, tú,  el Dios de paz, estarás con nosotros.

 

En fin, entendemos, que el fruto de la justicia se siembra en paz para los que hacemos la paz.  Los que amamos tu ley disfrutamos de gran bienestar, y nada nos hace tropezar.

 

Porque tu Espíritu nos ilumina, nos hace entendidos, sabios, apercibidos, de manera que el mal no pueda cumplir su deseo sobre nuestras vidas.

 

Nos quedamos quietos, reconociendo que tu eres Dios.   ¡Tu serás exaltado entre las naciones! ¡Tu serás enaltecido en la tierra!»

 

Permanecemos quietos porque reconocemos que tu intervención es suficiente para todo y tu guía es superior a cualquier iniciativa que tengamos para enfrentar los problemas.  

 

Nos movemos bajo tu orientación y somos obedientes a tu voz, para hacer lo que conviene.

 

Nos apartamos de toda mentalidad pecaminosa que es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.  Nos acogemos a tus principios, a tus valores, a tus patrones y a tu revelación que nos lleva a la verdad y nos libera del daño y la ignorancia.

 

¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación,

del que dice a Sión: «Tu Dios reina»!

 

Bendecimos a cada persona que a través del tiempo nos ha traído tu luz, nos ha anunciado tu mensaje, nos ha comunicado tus palabras y nos ha enseñado a través de su ejemplo lo que un buen creyente debe ser.

 

Nos declaramos rodeados de la paz que todo corazón anhela, que toda vida precisa y que toda tormenta vence.

 

Gracias Padre eterno.

 

En el nombre de Jesús.

 

Amén.

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