PODEROSA ORACIÓN DE LA MAÑANA, PARA TENER FORTALEZA Y SUPERAR LAS PRUEBAS

Oración para afrontar la adversidad

Señor y Dios nuestro, nos acercamos a ti, con corazones dispuestos a reconocer tu grandeza para rogarte, que tu gracia e inmensa bondad sea puesta sobre toda área de nuestras vidas.

Sabemos que tu eres el faro que nos lleva a puerto seguro en medio de las más duras tormentas y nuestro poderoso refugio en medio de las luchas que la vida pueda presentarnos, sin embargo, nuestro deseo es, mucho más allá de refugiarnos, ser habitantes de tu presencia, pues cerca de tu corazón es donde se halla la razón de nuestra existencia.

Tu cumples tus palabras, tu eres fiel a tus promesas. Así como cada palabra que se predijo acerca de Cristo desde el principio, se hizo realidad, también sabemos que todo lo que prometiste sobre nuestras vidas, será hecho.

Todas las promesas tuyas tienen garantía de cumplimiento, ni una de tus palabras volverá vacía, ni caerá en tierra sin haber cumplido su propósito, sino que alcanzarán no sólo nuestras vidas, sino la de nuestras próximas generaciones, para la gloria de Dios.

Tu no cambias de parecer, no olvidas tu pacto, ni mudas lo que ha salido de tus labios. Tu determinaste bendecirnos y llenar nuestros días de bienestar, hasta el momento precioso en que vayamos a tu encuentro.

Pueda ser que las aflicciones hayan venido a nuestras vidas, a generar tanto ruido, que pareciera que apagan tu voz. Pero nosotros no nos guiamos por lo que nuestros sentidos pueden percibir, al contrario, estamos cimentados en la confianza que proviene de un corazón asegurado en tu amor.

Reconocemos con toda nuestra alma que no ha faltado ni una de las palabras que tu has dicho acerca nuestro, todas han acontecido, ninguna de ellas ha perdido vigencia.

Dijiste que estarías con nosotros cada día de nuestra vida, hasta el final de nuestra existencia, y cada mañana despertamos porque tu misericordia nos visita y llegamos al final del día, porque tu protección estuvo puesta sobre nosotros.

Prometiste darnos fuerza para enfrentar la vida y aunque las crisis sacuden nuestra barca con fuerza, tu aquietas los mares y silencias los vientos con la esperanza que fundaste en nuestro corazón, acerca de que no hay prueba o dificultad que supere nuestra capacidad de soportarla, y junto con ella, tu enviaste tus respuestas para librarnos.

Tu no tienes limitación de ninguna clase, nada es imposible para tí. Lo que para nosotros resulta inaudito, inalcanzable o demasiado extraordinario para conseguir, para tí es apenas un asunto trivial.

No podríamos pedir una certeza más grande que la que nos consuela sabiendo esta maravillosa verdad. Si la noche se torna demasiado oscura, tu la iluminas con tu sola presencia y haces que el amanecer se manifieste.

Gracias Padre bueno por inundarnos con esa poderosa tranquilidad. Nada te supera, absolutamente nada escapa a tu capacidad.

Te rogamos que transformes nuestros corazones para que podamos atesorar tus verdades, comprender tu grandeza y agradecer tus provisiones sin fin.  

Danos un corazón nuevo y pon dentro nuestro un espíritu renovado, no afligido, sino fortalecido para vencer todos los ataques que el mal planee en nuestra contra.

Abre Señor nuestro entendimiento para que podamos ver las respuestas que pones frente a nosotros, para identificar las razones por las cuales vivimos las diferentes situaciones y para reconocer las lecciones que deben ser aprendidas de ellas.

Perdona mi Dios todas nuestras torpezas, nuestras malas decisiones y nuestras pésimas elecciones, limpia de toda maldad nuestras actuaciones y nuestras intenciones.

Lávanos con la sangre preciosa que vertida en la cruz, pagó el precio de nuestro pecado y haznos limpios de corazón y puros de pensamiento.

Rompe Señor toda atadura que hayamos conservado de nuestras generaciones anteriores y permítenos ser parte del cambio, de la bendición y de la prosperidad de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.

Llena de sonrisas nuestro rostro, nuestro corazón y nuestro alrededor. Que seamos ejemplo de vida mi Dios. Que nuestras actuaciones estén enmarcadas en el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza.

El objetivo de nuestras vidas está centrado en convertirnos en imitadores de Cristo, como lo fue Él de ti.

Si nuestro actuar refleja tu conducta, no hay acusación en nuestra contra que tenga validez. No sentiremos culpa o responsabilidad por nuestro comportamiento, porque si tu Espíritu Santo nos gobierna, entonces nuestra conducta será irreprensible.

El temor no tendrá cabida, porque habremos sido perfeccionados en el amor.

Entonces te buscaremos y tu nos oirás y tu respuesta será clara como los manantiales de las aguas, porque no hay ruido que nos distraiga de tu voz, ni hay distancia que nos impida oírla.

Tu salvación nos alcanzará, tu defenderás nuestra causa y cuando alguien se levante en nuestra contra, sabrá que tu estás para salvaguardar nuestra casa, nuestro hogar, nuestros hijos y nuestra vida.

Aún los planes que sean concertados por la maldad para tender lazo a la vida de nuestros hijos, para destruir nuestros vínculos, para perjudicar nuestra reputación o para interferir en nuestra economía, serán entorpecidos; con tu intervención, perderán toda efectividad y seremos librados sin provocarnos daño.

Te rogamos que tu Santo Espíritu sea gobernando nuestras vidas y las de nuestros seres queridos, para que nos ilumine y nos deje ver todo lo que debe ser mudado en nuestro interior.

Con la ayuda de tu Espíritu, tendremos la fuerza que se requiere para poder cambiar nuestra conducta errada y mantenernos en nuestro progreso.

Todas nuestras necesidades serán abastecidas, conforme a tus riquezas. Ninguna de ellas quedará sin ser suplida. Tu eres un Padre fiel, bondadoso y bueno, que cuida con dedicación de cada uno de tus hijos.

 

Jamás el bien se apartará de nuestras vidas, ni retendrás las bendiciones que destinaste para nosotros, sino que serán entregadas a cada uno de nosotros, en su justo momento, pues hemos aprendido a vivir en integridad.

Tu sabiduría e inteligencia será dada en abundancia, de modo que seremos inexcusables. Toda decisión será indicada por ella y cosecharemos el gozo de hacer lo que conviene.

La paz que sobrepasa el entendimiento será puesta sobre nuestras vidas y tu nos guardarás, pues eres de continuo nuestro pensamiento y cumplir tu voluntad es el deseo de nuestro corazón

Ninguna tentación que sea puesta delante nuestro podrá gobernarnos, pues tu fidelidad no permitirá que seamos enfrentados a las insinuaciones del mal, más allá de lo que podamos resistir.

En tí tenemos la promesa de la salud y la curación, pues dijiste que harías venir sobre nosotros tu sanidad  y nos vendarías las heridas, no solo de nuestro cuerpo, sino de nuestra alma.

Los daños que a través de los años fuimos adquiriendo con el desarrollo natural de la vida, serán reparados con tu bálsamo sanador.

Ninguna plaga, enfermedad mortal o pandemia tocará nuestra puerta, ni tomará control de nuestras vidas o de los nuestros, porque tu protección nos mantiene libres de todas ellas.

Y finalmente, cuando sea el momento de abandonar esta tierra, tendremos la certeza de que habitaremos contigo en el lugar que de antemano preparaste para nosotros, en donde no habrá llanto, ni dolor, ni tristeza, ni angustia, ni afán de ninguna clase.

Gracias mi Señor y Dios, porque aunque posiblemente ahora mismo nuestras lágrimas estén rodando por nuestras mejillas, tu mismo las limpiarás y traerás el consuelo necesario  a nuestras vidas.  

Te amamos, hoy y siempre, para siempre mi Dios.

En Cristo Jesús,

Amén.

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