Dios y padre bueno, gracias porque delante de ti no puedo fingir lo que soy y lo que siento, me conoces Señor y sabes que estoy cansado de llevar esta carga por años, he intentado por mis fuerzas encontrar la paz y el perdón pero no he podido, porque día y noche me persiguen los recuerdos de lo que fue. He dejado llenar mi vida de tanta amargura que sin querer he herido a las personas que más amo, siento señor que no puedo seguir así, pues esta prisión no me deja ser lo que has diseñado para mi vida, me tiene estancado y siento que es una carga con la que no puedo más, pero en este día Dios mío escucho tu voz que me llama, esa voz de restauración que me dice que estás a mi lado, gracias pues con tu amor me haces sentir que no eres ajeno a mi dolor y a las injusticias que he vivido hasta ahora.

Hoy quiero disfrutar de ese perdón que trae libertad para experimentar plenamente tu amor y tu gracia en mi vida, hoy suelto toda amargura y resentimiento y le doy la bienvenida a una vida llena de paz y tranquilidad, dejo en libertad a todos los que me hicieron daño, a los que me ofendieron, a los que me traicionaron, a los que hablaron a mis espaldas, a los que me dejaron solo cuando más lo necesitaba, y oro para que ellos también puedan conocerte y ser sanados.

 

Bendigo tu nombre porque enviaste a tu único hijo para perdonar toda mi maldad, enséñame a amar con ese amor que sólo tú sabes dar, pues tu palabra dice que quien no ama no te ha conocido verdaderamente, pues tu mostraste tu amor al enviar a tu único hijo Jesús al mundo, por este sacrificio hoy disfruto de tu perdón y de la promesa de una vida eterna a tu lado pues tu gracia inagotable me limpió de todos mis pecados.

Anhelo Dios mío ser como tú y perdonar a mis ofensores como tú los ha hecho conmigo, decido hoy devolver bien por mal, renuncio a todo deseo de venganza que albergué en mi corazón, traigo a mi memoria las palabras del salmista : “No nos castiga por todos nuestros pecados; no nos trata con la severidad que merecemos. Pues su amor inagotable hacia los que le temen es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra. Llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros como está el oriente del occidente. El Señor es como un padre con sus hijos, tierno y compasivo con los que le temen.” Enséñame señor a amar y perdonar como tú.

Sé señor por tu palabra que tu perdón y tu misericordia es para todos los que te buscan, Jesús mostró esa gran compasión al ver a las multitudes confundidas y desamparadas como ovejas sin pastor, anhelo ver a cada persona con esa compasión con la que tú los ves, por esto hoy oro por mis ofensores para que ellos te conozcan y puedan también ser restaurados por el poder de tu espíritu santo, ten misericordia de sus vidas para que puedan también disfrutar de la abundante gracia que has preparado para quienes te invocan y buscan tu misericordia.

En cuanto a mí me gozo en la alegría de la libertad que encuentro al perdonar y declaro mías tus promesas de sanidad y restauración, pues los que temen tu nombre, seremos levantados en justicia y sanarás nuestras heridas entonces saldré libre gritando de alegría pues tú eres mi Dios restaurador y tu misericordia se renueva cada mañana. Por eso alabo tu nombre porque me sanas de todo dolor y estas siempre dispuesto a darme la oportunidad de empezar de nuevo, en el nombre de tu hijo Jesús.

Amén 

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