De nada sirven nuestra experiencia y destreza, si tu no intervienes a favor nuestro.  Tu eres el único que puedes llevarnos seguros a nuestro destino 

¡Demos gracias a Dios por su amor, por todo lo que ha hecho en favor nuestro! ¡Que lo alaben todo el pueblo y sus gobernantes! Dios convirtió en desiertos los ríos y los manantiales, pero a la tierra fértil la convirtió en tierra inútil, porque los que allí vivían eran gente muy malvada; en cambio, al desierto lo convirtió en tierra fértil, rodeada de lagunas y manantiales.

Tu eres quien recompensa a quienes te amamos y haces todo lo necesario  para entregarnos tus bendiciones prometidas, pero también haces justicia y corriges a quienes hacen lo malo.

Al pueblo que había pasado hambre, lo dejó vivir allí, y ellos construyeron grandes ciudades,  sembraron campos, plantaron viñedos, y tuvieron muy buenas cosechas.  Dios les dio su bendición, y ellos tuvieron muchos hijos y sus ganados se multiplicaron.

Bajo tu bendición todo prospera, todo es aumentado, todo es fructífero y de buena calidad Señor.

Por eso hoy, ponemos todo en tus manos, porque sabemos que tu puedes tomar lo pequeño y convertirlo en una gran bendición.

A la gente pobre Dios la saca de su aflicción y hace que sus familias aumenten como sus rebaños. Cuando la gente honrada ve esto, se llena de alegría; pero los malvados se quedan callados. Tomen esto en cuenta los sabios, y pónganse a meditar en lo mucho que Dios nos ama.

No dejas desamparado al que te necesita, porque tu compasión es inmensa Señor.

Tu nos enseñas a ser misericordiosos, teniendo de nosotros misericordia; tú nos enseñas a ser amorosos, amándonos.  Tu nos enseñas a ser buenos, porque tu eres absolutamente bueno Señor.

Queremos ser conscientes de lo privilegiados que somos por contar contigo, por ser protegidos, amados, bendecidos, sanados, salvados y regenerados por tí Señor.

¡Gracias Buen Dios y Padre, gracias por tanto!

En el nombre poderoso de Jesucristo.

Amén.

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