SALMO 37, DELEITATE EN EL SEÑOR Y TUS CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS SERÁN TRANSFORMADAS EN BENDICIÓN

Estamos dispuestos a adorarte Señor, te entregamos nuestro corazón como ofrenda de amor, venimos ante ti a reconocer que sólo tu mereces nuestra alabanza y fidelidad.

Hoy hacemos un llamado a nuestra alma, para que no se inquiete por ninguna situación y bajo ninguna circunstancia, pues como lo hizo David en el salmo 37, llamando nuestra atención, no debemos perder de vista que nuestro futuro está en tus manos.

Por lo tanto, declaramos junto a él: No nos enojamos por causa de los malvados, ni sentimos envidia de los malhechores, pues son como la hierba que al cortarla pronto se seca.

Aunque pudieran verse espléndidos y su apariencia llame la atención de todos, sus éxitos son apenas una fachada que oculta un corazón que sufre, cautivo por la maldad.

Nosotros debemos confiar en ti, Señor. Nos dedicaremos a hacer el bien, nos estableceremos en la tierra y nos mantendremos fieles a tí.

Si nuestra confianza está depositada en tí, en todo momento y situación, la ansiedad no tendrá más cabida en nuestro corazón y podremos disfrutar de nuestro día a día, porque nuestra mente entiende la vida, desde la perspectiva correcta.

Te entregamos nuestro amor, y Tu nos darás lo que más deseamos.  Pues tu eres un buen Padre, que da generosamente la provisión que necesitamos tus hijos.

Ponemos nuestra vida en sus manos, confiamos plenamente en Ti, y tu actuarás en nuestro favor; así todos verán con claridad  que tú eres justo y recto.

Todo lo que sucede en nuestras vidas es la evidencia de tu intervención en ella, mi Rey. Tu justicia y tu misericordia se exhiben claramente en medio de nuestras circunstancias y se convierten en testimonio para nuestro prójimo.

Callamos en tu presencia, Dios, y esperamos pacientes a que actúes; no nos enojamos por causa de los que prosperan ni por los que hacen planes malvados.

Aunque posiblemente nos hemos sentido incómodos cuando vemos progresar a  quienes hacen lo malo, nos mantenemos esperando sin dejar que la envidia o el enojo nos llene el alma, porque sabemos que cada quien recibirá su recompensa.

No damos lugar al enojo ni nos dejamos llevar por la ira; eso es lo peor que podemos  hacer. Pues tu nos has enseñado a corregir nuestro antiguo comportamiento y no tiene sentido regresar a lo que nos hizo daño antes.

Sabemos que los malvados serán destruidos, pero los que esperan en Dios recibirán la tierra prometida. Nuestra recompensa está en tu mano y vendrá sobre nosotros con sobreabundancia, porque tu premias generosamente a quienes te demostramos nuestro amor a través de nuestra obediencia.

Dentro de poco no habrá malvados; podremos buscar y rebuscar, pero no encontraremos uno solo, pues tu intervención no tarda. Tu pagarás a cada uno conforme a sus elecciones y decisiones.

Nosotros nos decidimos por tí, porque somos personas humildes, quienes recibiremos  la tierra prometida y disfrutaremos de mucha paz.

Quienes hemos aprendido a reconocer tu persona, tu naturaleza, nuestra incapacidad para hacernos merecedores de tus bondades, pero te demostramos nuestro amor teniendo un corazón dispuesto a obedecer tu voluntad, somos quienes tendremos las mayores bendiciones reservadas para quienes te amamos.

Somos quienes disfrutaremos de una paz que sobrepasa el entendimiento natural de las personas, porque nuestra tranquilidad no proviene de la ausencia de crisis,  sino de la plena confianza en tí, Señor.

Los malvados, en su enojo, miran con rabia a los buenos y buscan hacerles mal; pero Tu te ríes de ellos, pues sabes que pronto recogerán el fruto de lo que sembraron.

Nadie puede burlarte Señor, nadie puede pretender cosechar buenos resultados de una mala siembra.  Cada uno recogerá conforme a sus semillas sembradas. Aunque las personas que hacen lo malo piensen que su maldad jamás los alcanzará, sin duda alguna sufrirán las consecuencias de sus actos.

Los malvados sacan la espada y preparan sus arcos y flechas para matar a la  gente pobre, a los que viven honradamente. ¡Pero sus arcos y sus flechas quedarán hechos pedazos, y será su propia espada la que les parta el corazón!

Todo lo que maquina la maldad en nuestra contra, nunca va a ser conseguido, porque tu envías tus ángeles a rodearnos para guardarnos del daño.

En sus planes tropiezan y caen los que procuran nuestro daño, serán siempre avergonzados y nosotros seremos librados del daño.

Porque Más vale un pobre honrado que muchos ricos malvados. Tu pondrás fin al poder de los malvados, pero apoyarás a los que somos honrados.

Tu mano está a nuestro favor, tu oído atento a nuestro clamor, tus provisiones listas para ser entregadas en nuestra mano, porque tu conoces la conducta de los que vivimos honradamente; la tierra prometida será nuestra para siempre.

Ese futuro glorioso que anhelamos será hecho realidad en nuestra vida, no sólo en la eternidad, sino en esta tierra, porque nuestros días estarán llenos de tu bendición y nuestros tesoros superan el oro y plata.

Cuando lleguen los días malos no pasaremos vergüenzas; cuando otros no tengan comida, a nosotros  nos sobrará.

Porque nuestra alacena proviene del cielo, porque nuestra provisión no está limitada a lo que produce la tierra, ni a los resultados que anuncia la economía mundial, sino a la preciosa misericordia tuya que nos sustenta.

Los malvados serán destruidos; ¡se desvanecerán como humo! Tus enemigos Señor, se marchitarán como si fueran flores silvestres.  

Los enemigos de nuestra alma, no representan oposición alguna delante tuya. No hay principado, ni potestad que pueda mantenerse en pie ante tu poder Señor.

Los malvados piden prestado y nunca pagan sus deudas, pero los justos prestamos y damos con generosidad, porque tenemos asegurado nuestro bienestar en las provisiones celestiales.

Los que Tu has bendecido viviremos en la tierra prometida, pero los que tu has maldecido serán eliminados. Pues cuando a ti te agrada la conducta de un hombre, lo ayudas a mantenerse firme.

Queremos agradarte siempre, queremos ser testimonios vivos de tu presencia en nuestras vidas, queremos ser cada vez más, la semejanza de Cristo.

Tal vez tengamos tropiezos, pero no llegaremos a fracasar porque tu nos  darás tu apoyo. Ni antes cuando éramos jóvenes, ni ahora que ya somos viejos, hemos visto jamás gente honrada viviendo en la miseria, ni tampoco que sus hijos anden pidiendo pan.

Tu eres fiel siempre y por siempre, tu cumples tus promesas Señor, tu llevas tu bendición sobre nosotros y sobre nuestras generaciones, en tanto nos mantengamos fieles delante de ti.

Cuando la gente honrada regala algo, siempre lo hace con generosidad; sus hijos son una bendición. Así que nos alejamos de la maldad y hacemos siempre lo bueno, pues así nos quedaremos para  siempre en la tierra prometida.

Demostramos nuestro amor a ti, en la medida en que procuramos el bienestar de nuestro prójimo y con ello, aseguramos nuestra tierra de bienestar, nuestro estado de plenitud.

Pues tu, nuestro Dios, amas la justicia y jamás abandonarás a tu pueblo. ¡Siempre lo protegerás! Los tuyos viviremos para siempre en la tierra prometida, pero los malvados y sus hijos serán destruidos por completo.

Cuando los buenos hablamos, lo hacemos siempre con sabiduría, y siempre decimos lo que es justo.

Pues tu corregiste nuestro mal hablar, nuestro mal proceder y nos hiciste conscientes de lo poderosas que son nuestras palabras.

Siempre tenemos presente tus enseñanzas, Dios; por eso jamás tenemos tropiezos.

Tu nos haces sabios, entendidos, tu Santo Espíritu nos da la capacidad de prever lo que nos puede ocasionar la caída. 

Tu salvas a los buenos.  Cuando llegan los días malos, Tu eres nuestro único refugio. Tu nos brindas tu ayuda y nos salvas de los malvados; nos das la victoria porque en ti confiamos.

Tu eres nuestro gozo, nuestra garantía de un buen futuro, nuestro Padre, nuestro Cuidador, nuestro amado Dios y Rey. Tu eres quien transforma nuestra vida y traza el camino que nos lleva a la vida plena.

 

Gracias precioso Dios, gracias Padre nuestro.

En Cristo Jesús,

Amén.

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