SALMO 42, MI ALMA TIENE SED DE DIOS COMO UN SIERVO QUE BRAMA POR AGUA

Déjame ver tu bondad, una vez más sobre mi vida, de modo que al finalizar cada jornada, pueda descansar tranquilo, por haber cumplido mi tarea y por haber cumplido mi promesa de serte fiel.

Sé que en momentos he dicho palabras como las que dijeron los hijos de Coré:

Tú eres mi protector, ¿por qué te olvidaste de mí? ¿Por qué debo andar triste y perseguido por mis enemigos? Sus burlas me hieren profundamente, pues no dejan de decirme: «¡Ahora sí, tu Dios te abandonó!»

Porque cuando estoy lejos de tí, entonces mi capacidad de ver más allá de las circunstancias que me rodean, se reduce a nada.

Porque cuando mi corazón se endurece, mi naturaleza es culparte por no haber cumplido expresamente mis deseos, pero mi espíritu me indica que tu harás lo correcto, como buen Padre que eres, para preservar mi integridad y cuidar de mi eternidad.

Te ruego me perdones por las veces que te he juzgado con dureza, no tiene sentido haberlo hecho.

¡Pero no hay razón para que me inquiete! ¡No hay razón para que me preocupe!

¡Pondré mi confianza en Dios mi salvador!  ¡Sólo a él alabaré!

Me volveré a establecer sobre el fundamento de mi fe, volveré a cimentarme sobre la roca que es más alta que yo, sobre la piedra angular, sobre mi Cristo que es la fuerza de mi vida y quien me sostiene en todo momento.

Estaré preparado para las mejores temporadas de mi vida, junto a tí.

Aprendí que lejos de ti, la vida pierde toda motivación, que sin tu presencia ni el sol brilla, ni los diamantes tienen valor.  Pero a tu lado, todo tiene el valor preciso.

No puede haber mejor lugar que estar cerca de tí, Padre.   No puede haber mayor tesoro que sentirme tu hijo, que experimentar tus bendiciones sobre todo asunto en mi vida.

Gracias Padre, por permitirme estar cerca de tí de nuevo, por hallarte una vez más.

Por la nueva oportunidad que me brindas de volver a ese primer amor que nos unió, por poder escribir nuevas historias juntos y no separarnos jamás.

Quiero vivir escondido en lo secreto de tu morada, quiero permanecer oculto bajo tus alas, quiero escuchar confiado el latir de tu corazón y saber que nunca más tendré sed, o estaré corriendo de un lado a otro para intentar conseguir la paz que únicamente tu me puedes dar, Señor.

Te bendigo hoy y siempre, para siempre, por siempre.  Te alabo, te adoro y te amo.

En Jesucristo, mi Redentor.

Amén.

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