SALMO 91, EL SALMO MAS PODEROSO DE LA BIBLIA – ORACIÓN DE PROTECCIÓN PARA SER LIBRADO DEL MAL

El Señor nos librará de la angustia y en la angustia. Si es momento de enfrentarla, también en medio de ella, nos tenderá Su mano y nos brindará Su auxilio de modo que no pueda vencernos.

Tal vez a nuestra izquierda veamos caer miles de muertos; tal vez a nuestra derecha veamos caer diez mil más, pero a nosotros nada nos pasará.

Posiblemente, como sucede en la actualidad, haya diferentes manifestaciones de la maldad, pestes, desastres naturales, situaciones complicadas que atacan a cifras alarmantes de personas y familias, pero a nosotros no nos acontecerá.

Hagamos memoria y sabremos que en muchas ocasiones la misericordia de Dios nos cubrió y nos libró de situaciones que personas cercanas a nosotros tuvieron que padecer, pero nosotros fuimos prodigiosamente protegidos de ellas

Con nuestros propios ojos veremos cómo los malvados reciben su merecido.

La cosecha es exactamente relativa a la siembra. Quienes siembran maldad, cosechan ruina para sí mismos. Si alguna persona nos hizo tambalear en nuestros razonamientos, preguntándonos la razón por la cual pareciera que entre más mal actúan, mejor les va, será avergonzada cuando delante nuestro, sus actos los alcancen, entonces sentiremos la tranquilidad de no haber imitado sus obras.

No se trata de mantenernos esperando que quien nos hizo daño sea castigado con furor para que nos sintamos satisfechos, sino de una triste realidad de aquellos que escogen seguir los malos deseos de su corazón, pensando que nunca la cosecha de su maldad, dará su fruto.

El Dios altísimo es nuestro refugio y protección. Por eso ningún desastre vendrá sobre nuestros hogares.

Todos deseamos hogares bendecidos, llenos de amor, de comprensión, de bondad, de buenos tratos y de colaboración mutua.

 

Todos queremos hijos que nos hagan sentir realizados como padres, porque sean personas guiadas por los principios divinos, que estén puestas para ser ejemplo de comportamiento y fe.  

Todos deseamos un cónyuge fiel que nos ame, que luche a nuestro lado para construir un hogar duradero, pero todo ello es posible únicamente cuando Dios es nuestro lugar de habitación y el castillo que nos protege de todos los males que atacan los hogares.

Dios mismo les dirá a sus ángeles que nos cuiden por todas partes.

Tenemos el privilegio de contar con que Dios ha designado servidores poderosos como los ángeles para que resguarden nuestro caminar.

Los ángeles nos llevarán en brazos para que no tropecemos con nada;  andaremos entre leones y serpientes, ¡y los aplastaremos!

No importa si es lo más fuerte y poderoso del mundo natural lo que se levanta en nuestra contra, o si son estrategias del mal trazadas sobre nuestra vida para detenernos, Dios nos ha dado la autoridad a través de Su santo nombre, de vencer todo poder que pretenda venir a entorpecer el propósito que Dios trazó sobre nosotros.

Dios dice: «Mi pueblo me ama y me conoce; por eso yo lo pondré a salvo.

La manera en que es posible que nos sintamos protegidos, a salvo, en completa paz, es conociendo a cabalidad el Dios en el cual hemos creído.

Es imposible amarle sin conocerle y es más imposible aún conocerle sin amarle.

Cuando nos relacionamos en intimidad con nuestro Padre, cuando le damos ese espacio y tiempo que se requiere para atender a su voz y para descubrirlo, entonces nuestra vida inevitablemente cambia.

Entendemos lo que significa su paternidad sobre nosotros, la inmensidad de su amor y como finaliza el Salmista diciendo: 

Cuando me llame, le responderé y estaré con él en su angustia; lo libraré y lo llenaré de honores, le daré muchos años de vida, y lo haré gozar de mi salvación».

¿Qué mejor vida podría ser aquella en la que contamos con la atención e intervención de un Padre Todopoderoso, que se ocupa de ayudarnos en los momentos de preocupación, que nos da una vida larga y satisfactoria y nos libera de la carga que nos impuso la culpa?

Creo que la plenitud está descrita en esos últimos versos que son la promesa que todo creyente anhela ver hecha realidad en su vida.

Cuando pensemos en el salmo 91, que sea mucho más que para mantener la biblia abierta en esa página como garantía de fe, sino como para habitar en Él y saber que en su compañía se encuentra toda nuestra felicidad y en bajo su protección toda nuestra seguridad.

Damos gracias al Señor, por haber puesto a nuestro alcance tan poderosa melodía hecha oración. Un salmo que nos garantiza la mayor tranquilidad y alegría de saber que tenemos un Padre que se preocupa de juntarnos como lo hace el ave con sus polluelos, bajo sus alas, pero que tiene la fuerza necesaria para ser la más grande fortaleza para contener y derrotar todas las fuerzas que el mal pudiera levantar en nuestra contra.

En Jesucristo, nuestro refugio seguro.

Amén.

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