¿Alguna vez escuchó decir que las matemáticas eran la asignatura con mayor rechazo?

Parece que los números no son propiamente los ganadores del concurso de simpatía en el reinado del conocimiento.

Sin embargo, según los estudiosos, los números se hallan involucrados en absolutamente todas las demás ciencias.  

Tal como los números nos pueden llegar a parecer los antipáticos del conocimiento, pero resultan indispensables para poder realizar tareas tan básicas como una compra en el supermercado, el sufrimiento es la asignatura que todos quisiéramos pasar de largo y a la que más resistencia hacemos.

¿Y es que sufrir a quién podría parecerle útil? Pues la respuesta tal vez no nos agrade, pero ahí va:

Romanos 5 versos 3 al 4 nos dice: Pero también nos alegra tener que sufrir, porque sabemos que así aprenderemos a soportar el sufrimiento. Y si aprendemos a soportarlo, seremos aprobados por Dios. Y si él nos aprueba, podremos estar seguros de nuestra salvación. De eso estamos seguros: Dios cumplirá su promesa, porque él nos ha llenado el corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha dado.

 Un momento. ¿Esta afirmación nos dice que se aprende a soportar el sufrimiento sufriendo?  Efectivamente.

Así como se aprende a ser paciente enfrentando adversidades que pongan a prueba nuestra capacidad de no explotar, ni de llenarnos de ansiedad, también el resto de las virtudes que necesitamos para ser mejores personas son formadas en un campo de entrenamiento.

Tendremos que tener presente que cuando le pedimos a Dios que queremos ser llenos de Su amor, estaremos dando larga a la inscripción en un proceso de formación en el que vivamos situaciones que requieran la demostración de lo que el Amor de Dios es.

 

Y no hablo de rodearnos de acolchadas situaciones en las que los seres más hermosos y dulces nos llenan el estómago de mariposas o los ojitos de corazones.  Estoy refiriéndome a momentos en los que amar es lo último que queremos hacer.

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