El pueblo de Israel había salido a tomar posesión de la tierra prometida y después de 40 años de vagar por el desierto, Josué quien inició la conquista, había enviado dos espías a reconocer la tierra de Jericó, como estrategia militar.

Los muros de la ciudad eran paredes mucho más grandes que las que usamos en la actualidad para cualquier tipo de construcción. Sobre esos muros estaba construida la casa de la mujer que será objeto de nuestro estudio, su nombre es Rahab.

Rahab significa escándalo, tumulto, arrogancia; y vaya que hacía honor a su nombre, y es que vivía una vida escandalosa para la moral de la sociedad, pues por su cama había pasado cualquier cantidad de hombres propios y visitantes de aquella ciudad. Así como puede resultar escandaloso el hecho de que más adelante se convierta en parte del árbol genealógico de José el marido de María, la madre de Jesús.

Rahab vivía una vida de lujos que eran patrocinados por el dinero que ganaba prostituyéndose. Era una mujer reconocida que vivía en un sitio privilegiado y estratégico sobre el muro de la ciudad. 

Seguramente, sería objeto de todo tipo de críticas por su oficio y por su belleza, pero Dios había empezado a llamar a la puerta de su corazón, y entre viajero y viajero que la visitaba, comenzó a escuchar las historias que se contaban de un Dios poderoso que había sacado a su pueblo de la esclavitud de Egipto con maravillas y prodigios.

Solemos juzgar la obra que Dios está realizando en nuestro corazón, o en el de nuestra familia, porque quisiéramos cambios instantáneos de comportamiento, y aunque aparentemente no veamos aún, ni una hoja de la planta asomarse, podemos estar seguras que el proceso de la semilla, está desarrollándose correctamente y, con el tiempo adecuado, veremos salir el tímido tallo que terminará convirtiéndose en un gran árbol lleno de frutos. 

La casa de Rahab era un sitio desde el cual se podía apreciar todo el esquema de seguridad de la ciudad. Además de ésto, los espías llegaron directamente a su casa, por ser un lugar, en el cual la discreción era crucial.  

 

No estaban allí buscando sus servicios sexuales, sino porque ella, era conocedora de secretos que seguramente eran confesados en su lecho, en estado de embriaguez por sus múltiples huéspedes temporales, entre los cuales se contaban los altos mandos del ejército de Jericó.

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