Dios de los cielos, nos presentamos delante de ti, para elevar nuestro corazón como ofrenda grata.

 

Sabemos que también nosotros, un tiempo estuvimos en la oscuridad que impide saber la ruta cierta, que daña, que nos hace torpes y nos limita, pero un día, viniste a nuestras vidas para enseñarnos a andar por tu camino.

 

Permítenos ser luz para los que están perdidos, para los que habitan en oscuridad, porque no sirve de mucho encender una linterna a plena luz del día.

 

La luz se requiere en medio de las tinieblas, en medio de la noche oscura, en medio de los momentos críticos, en medio de las adversidades, del error, de las adicciones y de la necesidad.

 

Que nuestros actos se conviertan en la luz que requieren todos ellos para ser alumbrados y hallar que la esperanza siempre ha permanecido acompañando su transitar, pero que por haber fijado su vista en lo que no debieron, se quedaron encandilados o perdieron parte de su visión.

Permítenos convertir en actos todas nuestras convicciones, tus mensajes, tus palabras, tus enseñanzas, tus consejos, tu amor, tu fidelidad, tu paz, tu misericordia, Papá.

 

La oscuridad en este mundo es tanta como la que había en las calles de Jerusalén, en tu tiempo, las calles, las veredas, las poblaciones enteras, precisaban de antorchas y lámparas, porque la iluminación de la que disfrutamos en casa, no existía.

 

Bueno sería que nosotros pudiéramos con nuestros actos, construir toda una red de iluminación que permitiera a los niños caminar tranquilos por cualquier lugar, que le diera facilidad a los ancianos de hallar un lugar donde reposar tranquilamente su vejez, que le mostrara a nuestras familias la verdadera belleza de la vida.

 

Ayúdanos Señor a sumarnos a quienes iluminan, no buscando aplausos o reconocimientos, sino procurando acercar al mayor número de personas a tí.

 

No queremos ser luz para que otros nos admiren y vengamos a ser tropiezo en vez de bendición.

 

Somos conscientes de que todos los ojos están puestos sobre nosotros, esperando que seamos personas dignas de imitar, como lo dijo el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 11 verso 1: Y ustedes deberían imitarme a mí, así como yo imito a Cristo.

 

Danos el valor para dejar de lado las opiniones ajenas, el temor al rechazo, el interés desmedido por lo que es perecedero y podamos ser verdaderos imitadores de Cristo, para que también seamos buenos referentes, como lo fue Pablo.

 

Bendice Señor nuestro hogar, pues es el primer lugar en el que debemos constituirnos en ejemplo.

 

Es dentro de nuestra familia, donde precisamos ofrecer la mejor versión de nosotros mismos y ganar a todos nuestros miembros, como seguidores del evangelio y verdaderos creyentes.

 

Te damos gracias por darnos la oportunidad de hacer, aquello, que hasta los ángeles anhelan ver, pero nos fue dado a nosotros.

 

Sintámonos felices de ser llamados a hacerlo, como dice la primera carta del apóstol Pedro, capítulo 1 verso 12: 

Pero Dios les hizo entender que lo que ellos anunciaban no era para ellos mismos, sino para ustedes. Ése es el mensaje que les dieron a ustedes quienes les comunicaron la buena noticia. Y lo hicieron con el poder del Espíritu Santo, que fue enviado del cielo. ¡Esto es algo que los ángeles mismos hubieran querido ver!

 

Gracias Rey del Cielo, por llamarnos a tan noble labor.

 

En Cristo Jesús.

 

Amén y amén.

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